martes, 27 de outubro de 2020

Concursos Samaín

 Este ano teremos dous concursos... Un para os que lle guste escribir e otro para os que prefiran debuxar.

Aquí tedes os carteis dos concursos




A continuación podedes ler os relatos gañadores do ano pasado para o concurso de ilustracións


XUSTIZA

Aquela noite non podía durmir. Toda a tarde estivera pensando nos acontecementos que ocorreran pola mañá. Tiña un desacougo enriba de min que me impedía conciliar o sono. Por máis que quixera, non podía sacar da cabeza aquela imaxe, aquela figura que aparecera no noso instituto. Lembrárame a alguén, pero por moito que cavilaba non sabía dicir quen era.

 

Por fin, o sono me venceu. Cando espertei, eran as dúas da tarde. O meu corpo pedía comida. Erguinme, vestinme e fun directa á cociña. Ao chegar a ela, vin que estaba posta a mesa con dúas cuncas, dúas culleres e dous vasos. Na casa só estaba eu, polo que se eu non puxera aquilo enriba da mesa, quen fora?

Dei a volta e alí estaba a figura que aparecera no instituto. De súpeto, decateime de quen era, a ex-moza do meu mozo. Aquela rapaza que se interpuña entre William mais eu. Volveume todo á cabeza. Todo o que pasara un ano antes. Estiven moito tempo maquinando como desfacerme dela, preparando un plan para que William se fixase en min. Nese plan, ela non tiña cabida, era un estorbo.

 

Cando tiven todo ben atado, púxeno en marcha. Decidín levalo a cabo a noite de Samaín, aproveitando que iamos a unha festa de disfraces. Cando cheguei á festa, alí estaban, bicándose, abrazados un ao outro.

Non podía máis. Non podía seguir vendo a persoa da que estaba namorada nos brazos doutra rapaza que non fora eu. Esperei ata que ela marchou e seguina ata a súa casa. Alí ocorreu todo.

 

Como se me deran unha labazada, volvín á realidade. Decateime de que ela viñera a facer xustiza, de que viña a buscar vinganza, xa que a súa morte quedara impune.

Pasou todo moi rápido, a súa sede de vinganza era tal que non quería perder o tempo en escoitar os meus rogos e súplicas. Veu directa a min e traspasoume co coitelo que tiña na man.  O seu coitelo entraba e saía de min. Non sei cantas puñaladas me deu. Nalgún momento perdín a consciencia, cando a recuperei, estaba rodeada dun baño de sangue. Aquela figura consumara a súa vinganza.

Entón, vin pasar toda a miña vida nuns poucos segundos, ata que me desmaiei e xa  non me lembro máis do que pasou despois....

 

Uxía Sotelo - 2º ESO B

 

Se Despertó

Se despertó sudado, temblando y en una especie de estado de shock. Se sentía bastante débil, por lo que le costó erguirse de la cama de lo que, a sus ojos, aparentaba ser un hospital. Extrañamente era una habitación completamente blanca sin ventanas, así que no podía asegurar en qué época estaba ni en qué momento del día. Lo único que podía hacer era el quebrarse la cabeza preguntándose dónde estaba y atravesar la única puerta de la habitación.

Dudó en girar el pomo, nada le inspiraba seguridad en ese lugar, como es normal. Pero lo hizo, cruzó la puerta a lo que podía entenderse como un pasillo de hospital, con muchas habitaciones y un ambiente bastante deplorable. Nunca le gustaron los hospitales por lo que pude observar. Pero había algo que le resultaba bastante extraño, no había ni un alma, ni un movimiento. Entonces solo podía hacer algo, seguir caminando y explorar. Por alguna razón que él desconocía había fotos de gente con sus respectivos nombres y un número por debajo: 207,208...,218 y... 219 sin ninguna foto ni nombre. Extraño. ¿Serían los pacientes del hospital enumerados? Cada vez más dudas le rondaban la cabeza. Hubo otra cosa que también notó: había muchos espejos. Se miró en uno y cayó en la cuenta de que no sabía quién era, se había olvidado de su propio nombre. ¿Puede ser amnesia? Se preguntó, lo cual era algo erróneo en cierto modo. Se olvidó de la duda y siguió hacia delante, llegando a unas escaleras que daban a los pisos de arriba y a los pisos de abajo del edificio, y decidió bajar. En aquella planta no reconoció nada distinto de la que venía, así que optó por seguir bajando. Lo mismo, completamente igual. Pero se dio cuenta de que había dejado pasar un detalle, los números de las habitaciones. Podría ser su salvación de ese extraño lugar, bajando hasta la última habitación, pero no. Todas las habitaciones ponían el número 219. Bajó otra planta, lo mismo. 219, 219, 219... Estuvo así durante unas 10 plantas. Estaba en pánico. ¿Qué hacer, qué hacer? Se preguntaba, mientras comprobaba si todas las habitaciones estaban cerradas, hasta que vio una habitación sin número. Era la primera vez que encontraba algo distinto, y quería ver si ahí podría haber algo que le ayudase a salir del sitio que ya empezaba a llamar manicomio.

¿Estaría él loco y se estaría imaginando todo?

Abrió la habitación. Estaba inundada en una oscuridad fuera de lo común, no entraba ni un solo rayo diminuto de luminosidad. Pudo también notar que la habitación en general desprendía un olor a podredumbre, muerte y repulsión que nunca antes había experimentado. En el primer segundo ahí ya tuvo que aguantarse las ganas de vomitar, pero se contuvo, debía seguir. Se decidió a investigar toda la habitación. Fue poco a poco inspeccionando todo milímetro de la habitación, hasta que se paró en seco. Extendió su brazo hacia delante, sabiendo que algo estaba ahí, vivo, ya que notaba su respiración, pensó. Logró tocarme y al hacerlo simplemente huyó de mí, o lo intentó. Ya el edificio por sí mismo había cerrado la puerta, siendo demasiado tarde escapar. Gritó, chilló e intentó defenderse de mí, algo a lo que llamaba, llaman y llamarán monstruo por el fin de los días. Me alimenté. Me sacié de una víctima más de esta extraña tela de araña disfrazada de un edificio "corriente". Con este empecé por los brazos, arrancándoselos de cuajo y tragándomelos cual anaconda que se disloca la mandíbula. El edificio en sí hizo el resto. Cambió todos los números de habitaciones al 220, enmarcó la foto del chico en el 219 y puso su nombre real: Jonathan Pinkwood. Interesante nombre. El edificio buscó otro "huésped".

Se despertó sudado, temblando y en una especie de estado de shock. Estaba bastante débil, pero este se logró levantar con menos dificultad que el anterior, de lo que a sus ojos era una cama de un hospital.

 

Gabriel Sebastián Ranalli - 4º ESO B 










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